Datos a medias
La llamada atendida con prisas deja el aviso cojo: falta la matrícula, falta el teléfono, falta el síntoma.
Talleres y servicios técnicos
En el taller, el teléfono lo contesta quien tiene las manos dentro de un motor. El resultado es conocido: la matrícula que no se apuntó, el "¿ya está el coche?" doce veces al día, y la semana con lunes imposible y jueves medio vacío.
Un agente de voz recoge el aviso entero a la primera — vehículo, síntoma, contacto, urgencia —, le asigna hueco según la carga real del taller y mantiene al cliente informado de cada paso por WhatsApp. El mecánico, mientras, hace de mecánico.
La mecánica del sector
La llamada atendida con prisas deja el aviso cojo: falta la matrícula, falta el teléfono, falta el síntoma.
"¿Ya está?" interrumpe la faena una docena de veces al día, y ninguna aporta nada.
Sin visión de carga, las citas se amontonan donde no toca.
La instalación
El agente de voz pregunta lo que un buen recepcionista preguntaría y lo deja registrado con cita asignada. Ningún post-it, ningún olvido.
→ Ver el servicio: Centralita con IARecibido, diagnosticado, presupuestado, listo: cada cambio de estado sale solo por WhatsApp. Las llamadas de control desaparecen.
→ Ver el servicio: Automatización de procesosRevisiones y reparaciones repartidas con criterio, con recordatorios que evitan al cliente que no se presenta.
→ Ver el servicio: Reservas automáticasLo que reciben es que el teléfono se contesta siempre y el coche está cuando se dijo. Quien quiera hablar con el taller, habla: el agente transfiere. El trato de siempre no se toca; la desorganización sí.
Mucho: el aviso completo con dirección y franja, el técnico asignado y el cliente avisado del "estoy de camino" son exactamente el mismo circuito, con kilómetros de por medio.
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